A ustedes que las amo tanto
Nosotras que nos queremos tanto, fue la novela en la que junté a cuatro mujeres en un lago del sur de Chile, en vacaciones, tomando sol… eso te habla de las diferencias de épocas: en aquel entonces la gente se iba de vacaciones y tomaba sol, ahora la gente vive encerrada en una terapia... En esa novela plantee que todas las mujeres, más o menos, teníamos la misma historia para contar. "Marcela Serrano"
Eran días en que pensaba tomar decisiones que me llevarían, según yo, a tener una vida en libertad, fuera de las ataduras del corporativismo que castra y que te obliga a disfrazarte para ser socialmente aceptada en ese entorno.
En esa época aquellos libros que caían en mis manos me mantenían viva y con esperanzas. Me ayudaron a conocer mejor a la mujer, nuestra naturaleza de ser, lo diferentes que somos del sexo opuesto en nuestra forma de sentir, de vivir intensamente, de amar sin límites y de luchar; luchar hasta dejar las entrañas tiradas en las aceras solo por proteger nuestro nido, nuestras crías, nuestras reservas de vida.
Hace poco, y luego de tener tiempo alejada de aquellas noches de sueños junto a la palabras de la Serrano, la Allende, Alvarez, me tope con una de esas escenas.
Estábamos nosotras, las amarillas, un grupo de mujeres que desde hace casi 3 años andamos juntas compartiendo el sueño de una República Dominicana más justa, en la que se garantice la educación que necesitan nuestros niños y niñas.
Fuimos convocadas ha hablar, de nosotras, con nosotras, de lo que pensamos y dejamos de pensar, de lo que vivimos y dejamos de vivir.
No fue necesario mucho tiempo los lazos tejidos durante meses de lucha nos hacen intimas aunque no nos diéramos cuenta. Y sin mucho preámbulo fuimos adentrándonos en la materia. Poco a poco fuimos descubriendo el alma y dejando en carne viva heridas que entendíamos cerradas.
Cada una diferente, cada una distinta, con historias en escenarios diversos, en situaciones tan disímiles que nunca hubiésemos llegados a juntarnos sino hubiese sido por la causa que nos reunió.
Pero sobre todo, cada una tan mujer. Intensas. Cargadas de emociones que nos guardamos solo para compartir entre nosotras, por que la vida no nos da espacio para más.
Fuimos caminando hacia atrás y encontrándonos con nuestros fantasmas, nuestros recuerdos. Con aquellos momentos que nos hicieron más fuerte muy a pesar del dolor y el desgarro.
Y a medida que avanzamos escapaban los temores, nos frotábamos las manos con la ansiedad del que espera una sentencia sin saber que pensaba la una de la otra. Los llantos nos acompañaron como mariachi con Chavela y no pudimos parar.Y fuimos dejando salir todo, poco a poco, sin apuro, sin temor a ser enjuiciadas, sin mascaras.
Los brazos se prestaron, y rodearon el torso de quien más lo necesitaba y por momentos nos fuimos turnando y la noche terminó como esos episodios de la Serrano, con un vino en la mano, los recuerdos entre penumbra y un puñado de cosas pendientes por decir.
Que se vuelva a repetir. A ustedes a quien amo tanto: Magda, Mariana, Claudia, Carolina, Jenny y Diana que estuvieron en la distancia.


