domingo, 17 de mayo de 2009

Terminó su lucha con el tiempo


Hoy culminó su lucha permanente con el tiempo.  Hoy se deshizo su actitud de rebeldía y desacuerdo con el lastre que dejan los años cuando se ensañan en dejar sus marcas en nuestros cuerpos.

Hoy sus versos toman vida y lo leerán en voz altas para enterarnos que se ha ido.

Hoy ha partido quien se empeñó en hacer de la poesía algo cotidiano, con la palabras sencillas, con lenguaje de pueblo.

Hoy se marchó Mario Benedetti, ese ser irreverente que se paseaba por el mundo atropellando el protocolo, desafiando a intelectuales y estableciendo una particular forma de libertad.

sábado, 16 de mayo de 2009

Al viejo amigo del lunar en su ojo






Le conozco hace más de siete años y apenas me doy cuenta que tiene un lunar en uno de sus ojos.  No se por que nunca me atreví a verle de frente y mucho  menos a tener la osadía  de mirarle fijamente a los ojos.  Tal vez por la soberbia  que transmitía su presencia o quizás por la arrogancia de sus palabras.
Es uno de esos seres que intimida con el sólo hecho de estar.  Sus entradas son silenciosas, con un aparente dejo de humildad que se rompe cuando inicia su discurso,  que por lo regular,  se encarga de aplastar sin piedad  a todo el que le escucha.  
A él le conocen por su oficio, por dejar su marca en cada proyecto que ejecuta.  Su profesionalidad es el escenario que usa para hacer gala de su prepotencia feroz.  Es la tarima sobre la cual avanza, seguro, sin tapujos, como una brisa fuerte, sin piedad, frío, calculador.
Siempre me provocó intriga conocer que guardaba su alma.  Saber si realmente ese ser indolente nunca llegaba a sentir. Saber si no tambaleaba por dentro frente a la perdida de un amigo o al simple hecho de ver el sol nacer.
Hoy, cuando apenas conozco que tiene un lunar en uno de sus ojos me doy cuenta de que si se quebraja.  De que el misterio que rodea su mirada más que misterio es tristeza.  De que la soledad es su compañía perfecta y que la nostalgia es el reflejo de su sonrisa.
Me atreví a mirarle de frente y no me arrepiento por que descubrí un ser maravillosamente imperfecto, extraordinariamente frágil y espectacularmente tierno.


sábado, 9 de mayo de 2009

El duende que se adueño de mis sentidos

















Era un duende y llegó a mi puerta silente, disfrazado, con un atuendo que invitaba a la confianza.

Se acercó poco a poco, sin ser invasivo, cauteloso, como todo un estratega cuando va a la guerra estudiando a su presa.  Conociendo sus puntos fuertes y sus débiles.  Sus miserias y virtudes.  Invirtió un año en su etapa de conocimiento y acertó.

Era diciembre cuando acompañado del frío se puso su mejor gala y cual lobo feroz con caperucita tiró varios anzuelos hasta que por fin mordí uno.

La tecnología fue su aliada para acercarse y hacerse presente de forma permanente.  Como conocía mi soledad, la convirtió en su principal recurso asegurando hacerse presente desde la distancia.  

Como conoció el hambre de mi cuerpo empezó a jugar con toques ingenuos y casuales que lograban erizar mi piel y despertarla de aquel sueño casi eterno.

Avanzó con ternura solo ofreciendo abrazos con la intención de acercar nuestros cuerpos y hacer que temblara como gelatina que se corría entre sus manos.

Entonces todo estaba listo.  No tuvo que hacer nada más por que yo me encargue del resto.

Fui yo quien lo sedujo una tarde de un sábado cualquiera cuando acepté conocer su nuevo refugio.  Si, yo.  La mujer de casi 40 firme y plena.  Yo,  en supuesto dominio total y absoluto de mis sentidos.

Lo seduje.  Lo besé.   Lo desnudé,  primero con la mirada y luego con las manos.  Lo toqué hasta descubrir aquel punto donde abandona sus fuerzas para entregarse rendido al placer.

Nos desnudamos y jugamos entre el polvo que revistió nuestras almas.  Y así pasó una, dos y tres veces.  Disfruté de un cuerpo fornido al que amé como si fuera mi última vez.

Pero como dice el refrán a las tres son las vencidas.  De repente la presencia disminuyó, ya no había tiempo o quizás interés.  Y así como se fue alejándose  mi alma fue marchitándose.

Se fue hiendo y su partida fue extraordinariamente diseñada.  Tan perfecta que todo parecía indicar que fui yo quien lo excluyó.

Ya no está y su ausencia duele.  Me dejó con ganas de amar, de embriagarme de sus labios dulces y amargos.  Me dejó con ansias de querer, de entregarme y disfrutar el hecho mágico de ser mujer.




Iniciando a existir a los 40.

Estoy convencida, la mujer inicia a vivir a sus cuarentas! O por lo menos ese será mi caso.  
En pocos meses me propongo brindar en grande  por llegar a esa edad en completa plenitud, llena de sueños cumplidos y metas alcanzadas, pero sobre todo, lista para vivir grandes historias de amor.
Llego hasta aquí comenzando a existir, con un proyecto de vida recién iniciado, con una hija adolescente que me reta a ser feliz con cada beso y cada abrazo. Sin un compañero fijo pero con cientos de amores clandestinos que creo en mis sueños y llenan mi cama mientras duermo.
Llego hasta aquí con la mejor versión de mi cuerpo, con la seguridad blindada, con la paciencia que te dan los años para saber esperar disfrutando de las pequeñas cosas de la cotidianidad.
Estoy aquí dispuesta a ser feliz, amando y siendo amada.