MARIO BENEDETTI: PALABRAS VERDADERAS
Vídeo enviado por klaudia_daniela
Sobre la vida y obra del escritor uruguayo Mario Benedetti.
Lugar para escribir lo que pienso, lo que siento. Dándole cabida a cualquier idea, respetando el derecho del otro pero sobre todo defendiendo el nuestro.
MARIO BENEDETTI: PALABRAS VERDADERAS
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Sobre la vida y obra del escritor uruguayo Mario Benedetti.



Era un duende y llegó a mi puerta silente, disfrazado, con un atuendo que invitaba a la confianza.
Se acercó poco a poco, sin ser invasivo, cauteloso, como todo un estratega cuando va a la guerra estudiando a su presa. Conociendo sus puntos fuertes y sus débiles. Sus miserias y virtudes. Invirtió un año en su etapa de conocimiento y acertó.
Era diciembre cuando acompañado del frío se puso su mejor gala y cual lobo feroz con caperucita tiró varios anzuelos hasta que por fin mordí uno.
La tecnología fue su aliada para acercarse y hacerse presente de forma permanente. Como conocía mi soledad, la convirtió en su principal recurso asegurando hacerse presente desde la distancia.
Como conoció el hambre de mi cuerpo empezó a jugar con toques ingenuos y casuales que lograban erizar mi piel y despertarla de aquel sueño casi eterno.
Avanzó con ternura solo ofreciendo abrazos con la intención de acercar nuestros cuerpos y hacer que temblara como gelatina que se corría entre sus manos.
Entonces todo estaba listo. No tuvo que hacer nada más por que yo me encargue del resto.
Fui yo quien lo sedujo una tarde de un sábado cualquiera cuando acepté conocer su nuevo refugio. Si, yo. La mujer de casi 40 firme y plena. Yo, en supuesto dominio total y absoluto de mis sentidos.
Lo seduje. Lo besé. Lo desnudé, primero con la mirada y luego con las manos. Lo toqué hasta descubrir aquel punto donde abandona sus fuerzas para entregarse rendido al placer.
Nos desnudamos y jugamos entre el polvo que revistió nuestras almas. Y así pasó una, dos y tres veces. Disfruté de un cuerpo fornido al que amé como si fuera mi última vez.
Pero como dice el refrán a las tres son las vencidas. De repente la presencia disminuyó, ya no había tiempo o quizás interés. Y así como se fue alejándose mi alma fue marchitándose.
Se fue hiendo y su partida fue extraordinariamente diseñada. Tan perfecta que todo parecía indicar que fui yo quien lo excluyó.
Ya no está y su ausencia duele. Me dejó con ganas de amar, de embriagarme de sus labios dulces y amargos. Me dejó con ansias de querer, de entregarme y disfrutar el hecho mágico de ser mujer.
Estoy convencida, la mujer inicia a vivir a sus cuarentas! O por lo menos ese será mi caso.