Llego sin darme cuenta.
Me encontró como de costumbre, con una camiseta liviana tirada en el sofá de mi sala. Sumergida dentro de la misma pantalla fría e insípida a la que recurro para escapar de mi.
Fue entrando despacio, como quien quiere atacar de sorpresa.
Hoy no vino sola. Hoy se hizo acompañar. Trajo una silueta que conozco. Un aroma particular. Olor a hombre, a cuerpo. Unas manos que conozco pero que no siento.
Extendí mis manos y toque su rostro. Baje mis dedos suavemente por sus ojos, y repase con delicadezas el contorno de sus labios y entonces me regalo una sonrisa.
Jugamos a ser fantasmas y a existir entre las tinieblas, y poco a poco se acorto el espacio.
--

No hay comentarios:
Publicar un comentario