
Con el alma partida en dos recibo la noche. Con la misma soledad que me ha acompañado durante los últimos años de mi vida.
Con el alma partida en dos recreo en mi memoria aquellos episodios en el que me acariciabas el alma con palabras y paseabas mi cuerpo con tus manos calidas aguardando con paciencia la reacción de mi piel.
Con el alma partida en dos recibiré otro día convencida de que no vale la pena respirar si no se ama, si no se siente la necesidad de buscar tus ojos en la oscuridad de la noche convencida que en cualquier esquina nos toparemos y encontraremos el espacio entre la muchedumbre para darnos aquel beso que tanto hemos deseado.
Con el alma partida en dos me encuentro en mi morada, cerrando los ojos para jugar dibujarte en el aire, jugando con mi lengua para recordar la tuya y buscando en el humo del incienso toparme con el olor de tu cuerpo.
Con el alma partida en dos recuerdo a Benedetti en su agresiva búsqueda en el interior de su existencia, siempre malcriado y convincente, siempre incisivo y seguro de que no valía la pena abrir en cada amanecer sus ojos si no se amanece al lado con el amante de turno, bañados en sudor y sus esencias.
Con el alma partida en dos, espero tu regreso.








